28 de julio de 2026 · 2 min de lectura

El Bayer Leverkusen de Xabi Alonso desprende una energía contagiosa en el arranque del curso

El fútbol, a menudo encorsetado en la rigidez táctica y la presión de los resultados, parece haber encontrado un oasis de frescura en las sesiones de trabajo del Bayer Leverkusen. Tras una temporada histórica que ha quedado grabada en los anales de la Bundesliga, el conjunto de las aspirinas ha regresado al césped con una actitud que trasciende lo meramente profesional: se respira una atmósfera de disfrute absoluto.

Lejos de acusar el desgaste físico o la complacencia tras alcanzar la gloria doméstica, el equipo dirigido por Xabi Alonso ha encarado la pretemporada con una vitalidad impropia de estas alturas del año. El técnico tolosarra, conocido por su meticulosidad y rigor estratégico, ha logrado que sus futbolistas mantengan el hambre competitiva intacta, pero añadiendo un componente de alegría en el juego que resulta notable desde el primer entrenamiento. Esta dinámica positiva no es un hecho menor para los aficionados y analistas que siguen de cerca el campeonato alemán; es, en realidad, el síntoma de un grupo que, tras haber roto todas las barreras posibles, se siente capaz de seguir desafiando los límites.

La Bundesliga, siempre exigente y física, se prepara para un nuevo desafío donde el Leverkusen parte, por primera vez en mucho tiempo, con el cartel de rival a batir. La estabilidad del proyecto, sumada a esta sintonía grupal que se percibe en cada ejercicio de preparación, sitúa al campeón en una posición privilegiada. Mientras otros clubes se afanan en reconstruir sus sistemas o integrar piezas nuevas, en Leverkusen el proceso parece fluido, casi natural. Los jugadores se divierten, se asocian con naturalidad y mantienen esa chispa competitiva que los llevó a tocar el cielo el pasado mes de mayo.

Para el apostador y el seguidor del fútbol alemán, observar este estado de ánimo es fundamental. Un equipo que se divierte en el campo suele ser un equipo más creativo, más propenso a arriesgar y, sobre todo, más difícil de contener cuando el balón echa a rodar de forma oficial. Si el objetivo era mantener la llama encendida tras una campaña inolvidable, el Leverkusen ha demostrado, al menos en estos compases iniciales de pretemporada, que no tiene intención alguna de bajar el ritmo. El campeón está de vuelta, y lo hace con una sonrisa que amenaza con volver a poner la liga patas arriba. La maquinaria funciona, pero lo más importante es que, esta vez, parece que nadie quiere dejar de jugar.

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